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CITA DE LA SEMANA

CITA DE ESTA SEMANA

"Nos parece que vemos algo y entendemos algo. Pero en verdad solo tenemos un vago indicio de cuanto ocurre a nuestro alrededor, como el caracol lo tiene de la luz del sol, la lluvia y la oscuridad."

Peter D. Ouspensky. Tertium Organum
"






Más que una metodología: el Aprendizaje Basado en Proyectos como una estrategia de construcción de una sociedad profundamente democrática (1)



Este no es un artículo académico sobre el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP). Es, sobre todo, una declaración de principios sobre el ABP que es resultado de años de práctica, indagación, investigación, formación, conversaciones y vivencias en el contexto de programas de ABP en Estados Unidos (PBL, Project-Based Learning) y España.

El Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) no es simplemente una metodología. Es la puesta en práctica de una forma de entender la vida, las personas, las relaciones, el trabajo, el aprendizaje, las organizaciones, el mundo como un todo complejo, rico e interconectado.
Al ABP no se puede llegar como resultado de una decisión política, ni administrativa, ni siquiera tan solo pedagógica, sino a partir de un profundo y sistemático replanteamiento de creencias, prácticas, modelos, arquetipos, roles, empezando por el nivel individual, continuando por el grupal, y terminando por el organizacional.
Para sumergirse en el ABP hay que sumergirse primero en uno mismo, y luego en las sucesivas capas del mundo de cada cual, y mirarlo todo con otros ojos.


El cambio individual

Te invito a que, antes de leer el resto de este artículo y los que vendrán después, tomes tu Diario de Aprendizaje (DA) y, si no tienes uno aún, aproveches lo que viene ahora para empezar uno. Será una inversión de energía, trabajo y tiempo de la que te alegrarás siempre.

Si te gusta más escribir que dibujar, te invito que escribas en tu DA sobre lo siguiente:
  • En tu opinión, a partir de tu propia experiencia ¿qué es lo más importante, lo que no puede faltar dentro de una persona, para aprender algo nuevo?
  • Explícate, de la forma más breve posible, cuál crees que es el papel de una persona adulta en un aula con 28 adolescentes, por ejemplo.
  • ¿De qué formas aprendes mejor cosas nuevas? ¿Qué formas de aprender te resultan más difíciles? ¿Cómo te sientes con cada una de ellas?
  • Si, cuando eras un estudiante adolescente, hubieras podido tomar decisiones sobre los contenidos, el diseño, la metodología, de tus planes de estudios, ¿qué cosas que no tuviste te habría gustado incorporar a tu experiencia como aprendiente.
Si te gusta más dibujar que escribir, te invito a qud dibujes el borrador de un boceto que muestre cómo sería tu aula ideal. Incluye todo lo que puedas sobre aspectos como:
  • tipo de mobiliario y su distribución
  • organización del espacio
  • tratamiento de ventanas y paredes
  • recursos de todo tipo que te gustaría que estuviesen disponibles
​ A todo ello añade, dibujándola, describiéndola, o ambas cosas, la que te gustaría que fuera una imagen de un momento de la vida dentro de ese aula: ¿qué te gustaría que se viese al entrar en ella?

​Estos ejercicios son solo dos ejemplos, tomados de mis talleres sobre ABP, del tipo de preguntas que es muy conveniente que nos hagamos, individualmente, a la hora de plantearnos sumergirnos en el ABP.

¿Qué cosas podemos cuestionarnos o conviene que nos cuestionemos a la hora de iniciar nuestro camino de incursión en el ABP? Todo. Tú mismo puedes hacer tu propia lista e ir trabajando en ella a medida que recorres diferentes etapas en tu trayecto hacia el ABP. Por ejemplo:
  • ¿Para qué voy cada día al centro educativo en el que trabajo? ¿Qué es lo que quiero conseguir? ¿Cuál es el impacto que quiero producir?
  • ¿Cómo empiezo una sesión con mis estudiantes? ¿Cómo la termino?
  • ¿A qué creo honestamente que debo dedicar el tiempo que paso con ellos? ¿Cuál debería ser mi papel cuando estoy con ellos?
  • ¿Sobre qué temas, cuestiones, contenidos, me gustaría trabajar con ellos? 
  • ¿Sobre qué temas, cuestiones, contenidos, les gustaría trabajar a ellos?
  • ¿Sobre qué temas, cuestiones, contenidos, le gustaría trabajar a cada uno de ellos?
  • ¿Es relevante tener respuestas para las tres preguntas anteriores? 
  • ¿Qué siento cuando me hago esas tres preguntas?
  • ¿Cómo quiero sentirme cuando termino una sesión de trabajo con mis estudiantes? ¿Y cuando termino un día de trabajo con ellos? ¿Y al final de un curso?
  • ¿Qué verbos se refieren a lo que creo que debo hacer con ellos?
  • ¿Cómo debo valorar los resultados de sus esfuerzos? ¿Qué parte o partes de lo que hacen debo valorar?
  • ¿Deben evaluarme ellos a mí también?
  • ¿Qué siento al hacerme la pregunta anterior?
  • ¿Cuáles creo que serían las respuestas de mis estudiantes a todas estas preguntas?
  • ¿Cuáles me gustaría que fueran las respuestas de mis estudiantes a todas estas preguntas?
  • ¿Qué siento al hacerme todas estas preguntas? ¿Qué siento cuando pienso que hay muchas más preguntas de este tipo que podría hacerme?
  • ¿Voy a seguir haciéndome preguntas? ¿Cómo me sentiría si siguiera haciéndolo? ¿Cómo me sentiría si no lo hiciera y esta fuera la última?​

La voz por ti encontrada, mi segundo libro de poemas

Acaba de ponerse a la venta en Amazon la edición en tapa blanda de mi segundo libro de poemas, La voz por ti encontrada


 Este es uno de los poemas del libro, "Sin saberlo"

Cuando escribo soy feliz.
Y si cuando tú leas,
encuentras en lo escrito
algo que te emocione:
una palabra, un silencio,
lo contado o lo callado,
entonces tal vez, tal vez,
es que algo entendí
o aprendí sobre mí;
y tú algo intuiste o
descubriste en ti.
Y ese algo tuyo y el mío,
que por un momento se miran
y sin esperarlo se tocan,
en silencio acompañado
nos dicen que
​aunque no nos conozcamos,
ni de cada cual nada sepamos,
tal vez, tal vez,
por un momento,
nos encontramos.
Y si esto es así,
quiero decirte que,
seas quien seas y
estés donde estés,
cuando mi algo escribí,
sin saberlo,

lo escribí también para ti.

Puedes comprar el libro aquí

Myers-Briggs Type Indicator (MBTI) en contextos de aprendizaje (1): Extraverted / Introverted



Tres de las cuatro variables sobre las que el MBTI nos informa tienen que ver con la INFORMACIÓN:

  1. Qué tipo de información preferimos
  2. En qué nos basamos para tomar decisiones sobre esa información
  3. Cuándo y cómo nos ponemos a trabajar sobre ella
La cuarta variable (que es la primera de las cuatro letras del perfil: E o I) nos habla de dónde y cómo tomamos laENERGÍAque necesitamos, y cómo y dónde preferimos recoger y procesar la información. Las dos preferencias de que disponemos son la EXTRAVERSIÓN y la INTROVERSIÓN.

Las personas que prefieren la EXTRAVERSIÓN(E) tienden a estar más cómodas hablando para pensar, haciendo, o interactuando con mucha gente.

Las personas que prefieren la INTROVERSIÓN (I) tienden a estar más cómodas pensandopara hablar, estando solas o interactuando con poca gente y, preferiblemente, gente conocida. 



Diferenciar entre ambas preferencias nos permite entender algunas formas de hacer de estudiantes y profesorado:

ESTUDIANTES

  • ¿Piden la palabra o participan antes incluso de saber qué van a decir (E), o después de un tiempo pensando (I)?
  • ¿Tienden a interrumpir a la persona que está hablando (E) o tienden a esperar a que termine de hablar para intentar intervenir (I)?
  • ¿Prefieren trabajar solos, en grupos pequeños con compañeros que conocen bien (I), o en grupos grandes (E)?
  • ¿Cómo reaccionan cuando se les interrumpe mientras hablan: participan con más energía en la conversación porque se sienten escuchados (E) o se muestran desconcertados o incluso molestos (I)? 
  • ¿Prefieren elaborar o presentar su trabajo hablando (E) o escribiendo (I)?
 
PROFESORADO

  • ¿Cuánto tiempo de silencio suelen exigir a la hora de llevar a cabo una actividad? Profesorado con preferencia por la INTROVERSIÓN tenderá a querer más tiempo de trabajo individual y silencioso que profesorado con preferencia por la EXTRAVERSIÓN.
  • ¿Cuánto tiempo tienden a programar para trabajo individual (I) y para trabajo en grupo (E)?
  • ¿Cómo reaccionan ante las interrupciones: les molestan (I) o las ven como una forma de participación e interés (E)?
  • ¿Cómo reaccionan ante la necesidad de algunos estudiantes de levantarse y moverse (E) o la tendencia de otros a evitar precisamente levantarse y moverse (I)?
 
Como sucede con las otras tres variables, la preferencia por Extraversión o Introversión de un profesor puede determinar en gran medida lo que espera de sus estudiantes, lo que acepta en ellos y lo que restringe. Si decisiones como esas no se toman desde la conciencia de sus propias preferencias, podría estar dejando fuera de lo esperado, aceptado o restringido a un número más o menos numeroso de estudiantes, cuyos resultados, como consecuencia, podrían estar por debajo de sus posibilidades.  

Cuando no somos conscientes de cuál es nuestra preferencia y cómo se manifiesta, es muy común que nos sintamos incómodos ante las manifestaciones de la preferencia opuesta. Esa misma incomodidad puede activarse en otras personas ante las manifestaciones de nuestra preferencia.





Cuando diseñamos nuestros talleres de MBTI para profesorado presenciales y online, insistimos especialmente en llamar la atención sobre la necesidad de conocer nuestras preferencias para, en primer lugar, comprobar en qué consisten, cómo se manifiestan, y hasta qué punto vamos más allá de ellas en nuestro trabajo con los estudiantes. Y, en segundo lugar, para entender en qué consisten la preferencias opuestas a las nuestras y, a partir de ahí, encontrar formas de planificar, organizar y llevar a la práctica nuestro trabajo pensando también en quienes no aprenden como nosotros.

De hecho, esta es una forma de atender a un tipo de diversidad que todavía está mayoritariamente oculta.




No te quise ver



Con frecuencia, las relaciones terminan antes de que nos hagamos plenamente conscientes de ello. Con frecuencia también, nos resulta difícil y doloroso darnos cuenta de cómo hemos contribuido a que las cosas transcurrieran como lo hicieron, y aceptarlo.


"No te quise ver"

Siéntate.
Mírame.
No. Eso no.
Mírame.
Quiero que por una vez
me veas. A mí.
No otra vez a ti,
siempre a ti.
A mí.
Y ahora háblame.
Por una vez también
quiéreme
y dime la verdad.  
Dime que nunca 
me has querido,
que siempre
me has mentido.
Y luego, vete.
De una vez
y para siempre, 
vete.  
Yo aquí me quedaré
llorando para mí,
porque no te quise ver
y yo también me mentí.
Pero esta vez,
por fin,
libre y sin ti lloraré.   


Fuente: La voz en mí perdida
http://lavozenmiperdidablog.blogspot.com.es/2017/01/no-te-quise-ver.html


La Voz Perdida del Rey Silencioso


Los personajes de ficción pueden ser vistos de tantas formas diferentes como personas entran en contacto con ellos. Las obras literarias y las películas pueden ser ventanas a través de las cuales podemos aprender muchas cosas sobre las personas, la vida, el mundo, el universo, nuestra esencia como seres espirituales, y pueden ser también espejos, en los cuales encontramos piezas de nosotros mismos de las que podemos o no ser conscientes. Sea lo que sea lo que los personajes de ficción nos digan, lo hacen mientras les vemos metidos en sus vidas, haciendo cosas, hablando, pensando, sintiendo, siendo.

Podemos encontrarlos ya creados por alguien más. Muchas perssonas tienen sus personajes favoritos y los mantienen vivos dentro de sí desde que se encontraron con ellos.

Podemos, también, crearlos y, para hacerlo, desde luego no necesitamos haber sido reconocidos oficialmente como escritores. Cada persona es una escritora, tanto si escribe como si no. Hay tantas formas de crear un personaje de ficción como personas, si no más. En realidad, no hay ningún límite a lo que podemos hacer cuando los creamos, de manera que podemos, por ejemplo, crear un personaje formado por partes de personas que conocemos, o de nosotros mismos. Ese es el caso del Rey Silencioso, del libro que estoy escribiendo, La Voz Perdida del Rey Silencioso, el tercero de la tríada Un World Diferent:

"En un lugar que no se puede encontrar y que es, a la vez, todos los lugares; en un tiempo que siempre es y nunca termina, hubo y hay un rey perdido, el Rey Silencioso, quien nunca ha sido capaz de encontrar su propia voz. Hubo y hay un reino esperándole, y ese reino está a su alrededor pero, especialmente, dentro de él. Su reino interior y su reino exterior le están llamando, necesitados. Pero la voz del rey todavía está perdida. Él es, todavía, el Rey Silencioso.
Nunca imaginó que un día se encontraría a sí mismo preguntándose sobre esa sensación de vacío. Siempre la había sentido, había vivido con ella, incapaz de darle nombre. Pero un día, algo dentro de él la señaló incansablemente. Fue entonces cuando se dio cuenta. Ese fue el momento en el que se quedó realmente en silencio, porque, de repente, supo que era así como estaba. Otros lo supieron antes que él. Pero nadie puede decirnos quiénes somos. Solo nosotros podemos.
Ahora empezaba a hacer conscientemente un viaje, el mismo viaje que, sin saberlo, había estado haciendo toda su vida. Su destino era todavía igualmente desconocido para él, pero solo podía ser uno: él mismo. No sabía que estaba en camino de convertirse en rey."

Cuando empecé a escribir esto, solo sabía que el Rey Silencioso todavía no había encontrado su voz. Detrás de esto había años de vivencias de varias personas que había conocido, así como experiencias propias. Esta historia nació de una intensa sensación de estar estancado, confundido, y perdido. Pero, a medida que la página se fue llenando dentro de mí, y saliendo, me di cuenta de que se había desencadenado en mi interior un proceso de auto-indagación, y que algunas respuestas estaban empezando a aparecer justo delante de mis ojos, a medida que mis manos escribían. Fue casi como escribir directamente desde lo sentido, sin pensar. El pensamiento vino después, a medida que empezaba a leer lo que había escrito. Al final de esos breves tres párrafos, la sensación de pérdida, confusión y estancamiento se encontraba con los ojos de una nueva e incipiente sensación de comprensión de mí mismo y de orientación con un propósito.

El viaje interno que empezó con la escritura de esas líneas no era tanto personal, concerniente a mi vida privada, como profesional. Crear un personaje de ficción a partir de lo que ya estaba dentro de mí, arrojó luz sobre las primeras pistas de un proceso que siguió desarrollándose a partir de ese momento.

Como dicen Celia Hunt y Fiona Sampson en su libro The Self on the Page. Theory and Practice of Creative Writing in Personal Development (El yo en la página. Teoría y práctica de la escritura creativa en el desarrollo personal)

 the act of placing oneself and one's experience on the page in fictional form can be a means to a deeper self-engagement and self-understanding
 el acto de situarse a sí mismo y la propia experiencia en la página en forma de ficción puede ser un medio hacia un más profundo compromiso con uno mismo y una más profunda comprensión de uno mismo

Los procesos de desarrollo personal y profesional se pueden beneficiar enormemente de la práctica de la escritura creativa. Podemos leer muchos libros y artículos sobre ello, y podemos también escribir, y escribir más, y todavía más, y experimentarlo por nosotros mismos.

Citas de la semana. Diciembre 2016



"El regocijo consiste en sentir en el fondo del corazón una alegría sincera por los logros y las cualidades del otro, por aquellos que obran en beneficio de otros y cuyos proyectos benévolos se ven coronados por el éxito, por quienes han culminado sus aspiraciones perseverando en sus esfuerzos, y por quienes poseen múltiples talentos. Esta alegría y esta apreciación van acompañadas por el deseo de que su bienestar y sus cualidades no declinen, sino que se perpetúen y acrecienten. Esta facultad de felicitarse por las cualidades del otro sirve asimismo como antídoto contra la comparación social, la envidia y los celos, que reflejan una incapacidad para alegrarse de la felicidad del otro. Constituye asimismo un remedio contra una visión sombría y desesperada del mundo y de la humanidad."Matthieu Ricard. En defensa del altruismo

"El ser humano necesita perentoriamente restablecer el contacto con la esencia de la tradición humana y con el centro de su vida psíquica, los cuales trascienden el lugar y el tiempo."  Stephen Arroyo. Astrología, psicología y los cuatro elementos.

"Hoy en día, lo esencial es acceder a un conocimiento cósmico y espiritual más profundo, y que esto solo es menester en nuestra época y la necesidad de este siglo debe ser la revelación." Hans Stossel. Cosmobiology.

"Todos nuestros pensamientos, todas nuestras emociones, sentimientos; toda nuestra imaginación; todos nuestros ensueños, ambiciones, fantasías; todos son invisibles. Todo cuanto pertenece a nuestros proyectos, planes secretos, ambiciones, todas nuestras esperanzas, temores, dudas, perplejidades; todos nuestros afectos, especulaciones, ponderaciones, vaciedades, incertidumbres; todos nuestros deseos, aspiraciones, apetittos, sensaciones; todos nuestros gustos, disgustos, aversiones, atracciones, amores y odios; todo ello es invisible. Todo ellos es lo que constituye la suma de uno mismo." Maurice Nicoll. El tiempo vivo y la integración de la vida

Escribir, un derecho de todos



Los libros pueden ser a la vez espejos y ventanas para nosotros, de maneras insospechadas a veces.
Como muchas otras personas, he comprado libros solo porque me encantaron sus portadas. De esos, he leído algunos y otros están todavía ahí, en la estantería, o quién sabe donde, esperando a que por fin los lea.

También he comprado libros porque me enamoré inmediatamente de sus títulos, y el de Julia Cameron titulado The Right to Write (El derecho a escribir) es uno de ellos. Lo hubiera comprado incluso si la autora hubiese sido completamente desconocida para mí porque ese título es, de hecho, una afirmación que tiene mucha fuerza.

Sí, escribir es nuestro derecho, el derecho de cualquier persona, por una serie de razones. Hoy, quisiera centrarme en dos: nuestro derecho a reconectar con nosotros mismos y nuestro derecho a conectar o reconectar con otras personas a través de nuestras propias palabras.
Todos tenemos el derecho a reconectar con nosotros mismos de cualquier forma que podamos o deseemos. No solo es una necesidad, sino también un derecho fundamental porque escribir es también, o al menos puede ser, una forma de buscar nuestro equilibrio interior, nuestra paz, armonía y, en última instancia, nuestra felicidad.

Escribir puede, potencialmente, tener un impacto así de profundo porque es una conversación con nosotros mismos, especialmente cuando nos sumergimos en la escritura reflexiva o la creativa, aunque no solo en esos casos. Como tal conversación, nos sitúa en el camino hacia la aceptación del hecho de que tenemos valor como seres humanos, entre otras muchas cosas, por lo que hay dentro de nosotros, y esta idea, por sí misma, no solo es tranquilizadora, sanadora, emocionante, sino que es también extremadamente potente e, incluso, disruptiva. Desgraciadamente, hay muchísimos ejemplos de historias que muestran con cuánta facilidad, y con cuánta frecuencia, esta idea puede ser olvidada o dolorosamente ignorada.

Una vez estamos ahí, de regreso a nuestro centro, en contacto de nuevo con él, con lo mejor de nosotros mismos, con ese único, precioso y sagrado espacio interior que hay en cada persona, conectar o reconectar con otras a través de nuestras palabras escritas puede llegar a ser una experiencia conmovedora y fascinante. No solo para nosotros, sino también para quienes, de una forma u otra, lleguen a estar en contacto con lo que escribimos, bien porque lo lean, o porque les hablemos de ello, o porque alguien más lo haga. Muchas de las cosas que tenemos en común como seres humanos se pueden encontrar precisamente ahí, en nuestro centro, único en cada persona y, al mismo tiempo, lo suficientemente familiar como para que todos podamos reconocer al menos una parte de nosotros reflejada en el mundo interior de esa otra persona.

De modo que, al final, parece que no solo lo que otras personas escriben y publican en libros puede ser a la vez una ventana a sus almas y un espejo para la nuestra, sino que lo que cada uno de nosotros escribe, también.

Para mí, eso es más que suficiente para empezar a escribir, y para seguir escribiendo.

Interacción no implica necesariamente comunicación




Interactuar con otra persona no significa necesariamente que estemos comunicándonos. Quizá se podría decir que hablar con alguien y conversar son dos cosas diferentes, especialmente cuando hablar con alguien se convierte, sobre todo, solamente en hablar a alguien y que ese alguien nos hable a nosotros.
Creo que es muy útil intentar prestar atención a lo siguiente en cualquiera de las conversaciones en las que participemos:
  1. Con qué frecuencia me encuentro esperando a que la otra persona termine de hablar para poder decir lo que ya tengo en mente.
  2. Con qué frecuencia noto que la otra persona está esperando a que yo termine de hablar para poder decir lo que ya tiene en mente.
Cuando esto ocurre, no estoy participando en una conversación sino, como mucho, en una producción alternada de monólogos el resultado de los cuales suele ser siempre el mismo: la sensación de que no han sido escuchados, ni por mi parte ni por parte de la otra persona, con lo cual la incomunicación de partida se convierte en una especie de agujero cada vez mayor del que es cada vez más difícil salir. Y, a pesar de ello, no nos detenemos para nombrarlo, para hacer explícito lo que implícitamente ya sabemos.
Nos podemos hacer varias preguntas sobre esto. Algunas de las preguntas clave podrían ser las siguientes:
  • ¿Cómo interactúo con otras personas?
  • ¿Cómo me siento cuando la interacción va bien?
  • ¿Cómo creo, o sé, que se siente la otra persona cuando la interacción va bien?
  • ¿Cómo me siento cuando la interacción no va bien?
  • ¿Cómo creo, o sé, que se siente la otra persona cuando la interacción no va bien?
  • ¿Qué hago cuando noto que la interacción no está yendo bien?
  • ¿Qué espero que haga la otra persona cuando la interacción no está yendo bien?
  • ¿En qué consiste realmente la comunicación entre dos personas que se hablan?
Es importante que tenga presente que yo no tengo ningún poder de decisión sobre lo que haga la otra persona, pero sí, siempre, sobre lo que haga yo, y en las situaciones como la descrita aquí, probablemente mi primera labor sea detener el flujo de pensamientos en mi mente que llenan el espacio que la otra persona y yo necesitamos que esté disponible para estar verdaderamente escuchándola. Para ello necesito:
  1. Darme cuenta de que mientras la otra persona me habla, yo me estoy hablando también dentro de mi cabeza y, al mismo tiempo que la oigo a ella, me estoy escuchando a mí.
  2. Darme cuenta de que tal vez tengo una cierta prisa por que ella termine de hablar. Mi cuerpo me lo puede estar indicando de varias formas.
  3. Darme cuenta de que si la otra persona, de repente, se perdiera y se preguntara o me preguntara "¿por dónde iba? ¿qué estaba diciendo?" para reencontrar el hilo, tal vez yo no sería capaz de ayudarla porque tal vez yo tampoco recordaría lo que me estaba diciendo.
  4. Darme cuenta de que, muy probablemente, estas tres cosas están pasando también en la cabeza de la otra persona. La señal más clara de que es así es que, como yo, no detiene, ni interrumpe, ni se sale de este baile extraño y falso en el que estamos.
  5. Decidir precisamente eso: parar. Esto lo puedo hacer, como mínimo, de tres formas diferentes. Una consiste en salirme del baile, dejar la interacción, e irme, sin explicar por qué, y quizá utilizando cualquier excusa, lo cual no modifica nada. La segunda consiste en pararme y compartir con la otra persona el hecho de que me he dado cuenta de todo lo que pasaba por mi cabeza, de cómo pienso o siento que estaba yendo la interacción, y quedarme en la situación, a ver qué ocurre justo después de esto. La tercera consiste en detener ese flujo de ruido en mi mente y permitir que lo único que entre en ella sea lo que provenga de la otra persona, para lo cual tal vez necesite entrenarme durante un tiempo hasta desarrollar el hábito que me permita hacer esto al instante.
En cualquier caso, conviene que me diga a mí mismo que si me doy cuenta de que la interacción es o se ha convertido en un falso baile de este tipo, solo por el hecho de darme cuenta no va a cambiar, ni tampoco por el hecho de esperar a que la otra persona haga algo para que cambie. Y, llegados aquí, es importante que recuerde que, para ella, la otra persona soy yo.
Así pues, parece que una interacción de este tipo solo puede cambiar si alguien hace algo para contribuir a que cambie. Puede parecer obvio, pero si realmente lo fuera, este tipo de interacciones no se producirían, al menos no con la que frecuencia con la que me parece que se dan.

Intención vs Impacto como fuente de conflicto



El contraste entre la intención de lo que una persona dice o hace y el impacto que lo dicho o lo hecho tiene sobre otra persona parece ser fuente casi inagotable de conflictos. Esta simple representación visual ayuda a entender que, en parte, el conflicto surge porque tanto la intención como el impacto permanecen en el interior de las personas, mientras que, al mismo tiempo, ellas intentan gestiona la situación creada a partir de lo visible, es decir, lo dicho o hecho. 

Cuando esto pasa, podemos fácilmente encontrarnos con personas diciéndose cosas como, por ejemplo, las siguientes: "No era mi intención..." (por un lado), "¿por qué has..." o "¿cómo has podido..." (por otro lado). Y es posible que cosas de este tipo se digan una y otra vez, y con ello la frustración puede crecer rápidamente y complicar las cosas todavía más. Si las personas implicadas no se dan mutuo acceso a lo que está dentro de ellas, lo que permanece privado y, además, al hacerlo entienden que intención e impacto no coincidieron, el conflicto se puede enquistar. 
Una buena forma de empezar a salir del laberinto cada vez más enrevesado que, en cuestión de segundos, parece levantarse envolviendo a las personas implicadas, es reconocer el malestar asociado al impacto percibido, en lugar de insistir repetidamente en que uno no tenía la intención de herir. El hecho de que la intención sea otra no invalida el hecho de que la otra persona se sienta herida. De modo que empecemos por aquí, sin necesidad de justificarnos ni ponernos a la defensiva. 
Una vez el impacto ha sido escuchado, reconocido por ambas partes, y entendido empáticamente por parte del "hacedor", será mucho más fácil mirar a la otra parte y, entonces, escuchar, reconocer y entender empáticamente, por parte del receptor, la auténtica intención, y empezar así a cerrar el hueco abierto entre ambas partes.

Para conseguir esto, ralentizar la conversación, o la discusión si ya se ha convertido en eso, es clave, y conviene que vaya seguido de
  • evitar todo tipo de juicio hacia la otra persona
  • tomar turnos para hablar
  • escuchar activa y empáticamente

para que las dos voces se sientan escuchadas, reconocidas y comprendidas. Una vez llegamos a este punto, ya no estamos reaccionando a lo que viene de la otra parte, y podemos trabajar juntos para solucionar y cerrar el conflicto.

Por otra parte, interiorizar este modelo resulta muy útil para calibrar lo que decimos y hacemos, antes de decirlo y hacerlo, a partir del posible impacto que pueda tener, con lo cual estamos ya haciendo el ejercicio de empatía de ponernos en el lugar emocional de la otra persona.


Dejar de correr



Con frecuencia, cuando estamos a punto de empezar a hacer algo, o mientras lo estamos haciendo, nos encontramos intentando resolver dudas, miedos, intuiciones, “corazonadas” que, aunque pueden ser muy diferentes entre sí, tienen una característica común, y es que interfieren con lo que intentamos hacer o tenemos intención de hacer. A veces, incluso, parece que pueden más que nuestra propia determinación y no llegamos a completar, o ni siquiera a empezar, nuestra actividad o nuestro proyecto.
Cuando nos encontramos en un momento así, nos puede resultar muy útil plantearnos algunas preguntas:
  • ¿Cómo nos sentimos cada vez que una de esas dudas o miedos surge y se cruza en nuestro camino?
  • ¿Cómo nos sentimos mientras nos enfrentamos a esas dudas o miedos para superarlos, o para que desaparezcan?
  • ¿Cómo nos sentimos cuando conseguimos vencerlos y continuamos nuestra marcha?
  • ¿Cómo nos sentimos cuando somos nosotros quienes cedemos y abandonamos?
Y en cada una de esas situaciones, ¿qué impacto tiene sobre nosotros lo que sentimos?


Plantearse estas preguntas, no en abstracto, fuera de contexto, sino en el momento mismo en que estamos luchando con nuestras dudas o miedos puede ser, por sí mismo, una gran ayuda. A veces, es todo lo que necesitamos para que las dudas o los miedos dejen de parecernos un obstáculo insalvable. En ocasiones, incluso, basta con pararse a ser consciente de que tenemos miedo o dudamos para que, simplemente, dejemos de temer o dudar, y empecemos a comprender y actuar.
El psicólogo estadounidense Carl Rogers nos dice que “la curiosa paradoja es que cuando me acepto a mí mismo como soy, entonces puedo cambiar.” Es decir, sólo cuando nos ponemos en contacto con lo que hacemos, con lo que pensamos, con lo que sentimos, con lo que nos pasa por dentro, sólo entonces somos capaces de cambiarlo si eso es lo que necesitamos o queremos hacer. Al aceptar y asumir como propio lo que está pasando en nuestro interior, desviamos la energía que utilizamos para no oírlo, o verlo, o incluso para no sentirlo, hacia lo que de verdad queremos y necesitamos, que es cambiarlo. Es por eso que parte de la ansiedad que nos provocan nuestros miedos, dudas, y frustraciones desatendidos, ignorados, reprimidos, desaparece en cuanto los miramos de frente y los asumimos. Con ello, empezamos a conseguir que, en vez de controlarnos ellas a nosotras, los controlemos nosotros a ellos.

El Dr. David Burns nos recuerda, a este respecto, que lo que sentimos está estrechamente vinculado a lo que pensamos, de modo que, si cambiamos nuestros pensamientos, seremos capaces de cambiar también nuestros sentimientos. 




Ser capaces de preguntarnos a nosotros mismos “¿qué me pasa?”, “¿cómo me siento?”, es a la vez resultado y causa de que nos anclemos en el aquí y el ahora de nuestra propia experiencia. En otras palabras, de que dejemos de correr, y nos detengamos a caminar con nosotros mismos, a nuestro propio paso. Con frecuencia, nos basta con eso para sentir como que el tiempo se ralentiza y, sobre todo, tenemos la sensación de estar viviendo un momento auténtico, y sentimos nuestra energía mucho menos dispersa.
Pero podemos aún ir un poco más allá. Cuando la duda sobre nuestros proyectos o el miedo ante cualquier obstáculo nos asalta, podemos también, después de detenernos para hacernos conscientes de que están en nosotros, preguntarnos de dónde vienen. No me estoy refiriendo aquí a iniciar un proceso de introspección psicoterapéutica, sino a considerar hasta qué punto esas dudas y miedos no vienen de nosotros, sino que son el resultado de haber interiorizado unos hábitos de evaluación y feedback negativos, devaluadores, adquiridos, más útiles para activar en nosotros sentimientos de culpabilidad que para contribuir a nuestro desarrollo personal y profesional.
Desde esta perspectiva, puede resultar muy útil preguntarnos qué tipo de feedback hemos recibido a lo largo de nuestra vida como adultos, como profesionales, como estudiantes, como miembros de grupos, y observar qué cosas de las que nos decimos a nosotros mismos nos las han estado diciendo otras personas antes.
En The inner game of work, Timothy Gallwey describe este proceso de internalización de críticas devaluadoras como la creación de lo que él denomina Self 1, en oposición a un Self 2, que es precisamente el objeto de las críticas del primero. Ese segundo yo, además, contendría, según Gallwey, nuestro auténtico yo, libre, creativo, espontáneo, lleno de energía, motivado, fuerte, capaz. El yo que, en definitiva, quiere y puede aprender y crecer. El primer yo, el Self 1, estaría, en cambio, formado por un aluvión de críticas negativas recibidas a lo largo del tiempo desde distintos frentes, con tal constancia, persistencia y fuerza, que llegan a convertirse en parte de nuestra propia forma de pensar sobre nuestros propios actos, ideas, proyectos, sentimientos y formas de ser.
Llegar a ser conscientes de cuáles son en nuestro caso, de su procedencia y, sobre todo, del impacto que han tenido y tienen en nosotros, es un paso gigantesco para llegar a un punto en que podamos liberarnos de esas críticas adquiridas y seguir nuestra marcha impulsados por la energía positiva de nuestro yo auténtico.

Lecturas recomendadas

Burns, D. (1980). Feeling good: The new mood therapy. New Yorik, NY: Signet. Traducción al castellano: Burns, D. (1998). Sentirse bien. Una nueva terapia contra las depresiones. Barcelona: Paidós.

Gallwey, T. (2003). The inner game of work: Overcoming mental obstacles for maximum performance. Texere Publishing.

Langer, E.J. (2005). On becoming an artist: Reinventing yourself through mindful creativity. NY: Ballantine Books. Traducción al castellano: Langer, E.J. (2006). La creatividad consciente: De cómo reinventarse mediante la práctica del arte. Barcelona: Paidós.

Rogers, C. (1961). On becoming a person. Boston: Houghton Mifflin. Traducción al castellano: 

Rogers, C. (1982). El proceso de convertirse en persona. Barcelona: Paidós.

Seashore, C., Seashore, E., Weinberg, G. (2004). What did you say? The art of giving and receiving feedback. Columbia, MD: Bingham House Books.

Las relaciones son la esencia de una organización

Ronald R. Short, doctor en Psicología, afirma en su libro Learning in Relationships que

Las relaciones son la esencia de una organización. Nadie puede liderar a menos que tenga un seguidor y una relación. Nadie puede ser un cliente sin un proveedor y una relación.
Según esto, las relaciones entre las personas en el seno de una organización están en el centro neurálgico de la misma. Lo que se hace dentro de una organización es inseparable de cómo se hace y de quiénes lo hacen.

Es por esto por lo que las relaciones y las interacciones son el "código genético" de las organizaciones. Lo que sucede entre las personas define lo que una organización es y aquello en lo que se puede convertir.

Tradicionalmente, el centro de atención de la vida organizacional ha sido el qué: los productos, los servicios, los resultados financieros, los programas de estudio. Al cómo se le ha prestado atención en la medida en que se tenía conciencia de que los procesos, la logística, los recursos técnicos, eran fundamentales a la hora de obtener los resultados buscados. Por último, todo lo referente al quién solía atribuirse a la política de personal y al trabajo de los departamentos de Recursos Humanos, como un departamento más, como una pieza más del sistema.

Se está expandiendo un nuevo paradigma en el que se están recolocando las piezas del sistema que toda organización es. Rosabeth Moss Kanter, profesora en la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard, hablaba ya en el año 1997 de "Volver a situar a las personas en el corazón de la organización del futuro", título de un ensayo suyo recogido en la publicación de la Drucker Foundation The Organization of the Future (2002). En este nuevo paradigma, la gestión de las relaciones entre las personas y de sus emociones corresponde a todas y cada una de las personas que pertenecen a una organización, sin excepción, y son un componente fundamental, vital y estratégico de toda la actividad organizacional.
Porque lo que afecta, en cualquier sentido, a cada una de esas personas, y lo que tiene lugar entre ellas, no solo es parte de la vida de las personas afectadas, sino que es el tejido del que está hecha la vida de toda la organización. El desarrollo de las habilidades sociales y emocionales está empezando a formar parte del discurso y la vida organizacionales, pero todavía queda un largo camino por recorrer. Una de las claves para llegar a mejorar realmente la vida organizacional a partir de la mejora de las relaciones es el trabajo interno, individual, que cada persona puede llevar a cabo consigo misma o, como dice Short en el mismo libro: "aprender desde dentro", para luego aprender desde fuera, de las personas que están ahí fuera, y con ellas también. Se trata, en cierto modo, de un viaje que empieza en el centro mismo de cada persona y va avanzando hacia el exterior, como expliqué en este artículo, basado en el modelo de Goleman, Boyatzis y McKee.
Cada persona es un universo y necesita encontrar su propia forma de mirar dentro de sí, explorarse y expandirse a medida que vaya encontrando rincones suyos en los que hay pequeñas joyas todavía no vistas antes. Ese es un estupendo comienzo.

Referencias

Short, Ronald R. (1998). Learning in Relationships: Foundation for Personal and Professional Succes. Bellevue, WA: Learning in Action Technologies. 153 pp.

Hesselbein, F.; Goldsmith, M.; Beckhard, R. (2000). The Organization of the Future. Jossey-Bass Publishers, 399 pp.

Una lectura liberadora



Ellen J. Langer es profesora de psicología en Harvard y pintora. De las vivencias e investigaciones provenientes de ese doble perfil procede el material que presenta en este libro: La creatividad consciente: De cómo reinventarse mediante la práctica del arte, traducción de On becoming an artist: Reinventing yourself through mindful creativity.

Uno de los temas que aborda es el de los bloqueos que nosotros mismos nos creamos como consecuencia de haber asimilado feedback negativo procedente de diferentes capas de nuestro entorno. Ese feedback negativo acaba convirtiéndose en creencias sobre nosotros mismos con las que podemos llegar a vivir mucho tiempo sin revisarlas ni cuestionarlas, y que se interponen en nuestros propios anhelos y esfuerzos por desarrollar nuestra creatividad:

 Hay bloqueos que son resultado de constructos sociales y que nos impiden llegar a vivir nuestro yo creativo

La Dra. Langer enfatiza lo importante que es que lleguemos a ser conscientes de cuáles son esos constructos, qué forma han adquirido en nuestro sistema de creencias interiorizado y cómo obstaculizan nuestro acceso a nuestra propia creatividad. Parte del trabajo de base en la formación de actores es aprender a levantar mentalmente lo que se denomina la cuarta pared entre el escenario y el público, para poder desprenderse del miedo a ser observados y poder sumergirse en el aquí y el ahora de la escena, y quedarse en ella. 
Leer este libro ayuda enormemente a darse cuenta de hasta qué punto hemos asimilado uno de los efectos perniciosos de la exposición prolongada a feedback negativo, como es la tendencia casi automática a evaluar, comparar, criticar, rechazar el propio trabajo o el trabajo de otros o ambos, en lugar de apreciar, compartir, celebrar, acoger con optimismo y empatía lo que hacemos nosotros mismos y lo que hacen los demás:

Nuestra cultura nos lleva a evaluar casi todo lo que hacemos. Ponemos nuestra atención en el producto final y juzgamos si es o no ‘creativo’ sin considerar si fue creado por una persona conectada con su propia experiencia creadora. Separamos el producto de la experiencia de crearlo

Esta tendencia tiene componentes culturales y puede variar también en función de diferencias individuales, como pueden ser las preferencias Sensor / iNtuitive o incluso Judging / Perceiving pero, en cualquier caso, una vez interiorizada, puede llegar a tener un efecto paralizante y poco constructivo. 
Cambiar este hábito es, ciertamente, una cuestión de elección y de reprogramación, para llegar a reconectar con lo que hacemos y con la forma en que lo hacemos:

Un compromiso completo y creativo con todo lo que hacemos es la respuesta natural a nuestro mundo (...) Si abordamos de forma creativa la oportunidad que se nos presente, experimentaremos esa sensación de compromiso.

La reconexión con lo que hacemos cuando lo abordamos de forma creativa sería, pues, un camino hacia la reconexión con nosotros mismos, con nuestro mundo interior. Con todo ello experimentaríamos, según la profesora Langer, un aumento de nuestro bienestar:

Mis investigaciones revelan que una mayor conexión de la persona consigo misma da como resultado un aumento en salud y longevidad, felicidad, creatividad, carisma, y le hace sentirse más satisfecha con su trabajo, entre otras cosas.

Así pues, cultivar la reconexión interior, la capacidad de estar presentes enteramente en lo que hacemos, en el momento en que lo hacemos, y también conectados con la forma en que lo hacemos, sería el tesoro escondido tras el obstáculo que supone tener que hacer el trabajo necesario para liberarnos de filtros y bloqueos adquiridos que poco o nada nos aportan.

Solo tenemos que permitirnos estar en el momento presente, y cuando lo conseguimos, accedemos a nuestro auténtico yo, natural y creativo